BREVE HISTORIA DE LAS CANALIZACIONES

Las primeras canalizaciones de la historia se relacionan con la distribución del agua. Así, el grado de desarrollo de una civilización ha tenido mucho que ver con el uso y tratamiento de sus aguas: tanto de su abastecimiento como la eliminación de las aguas residuales. En este sentido, el primer alcantarillado documentado de la historia se sitúa en la ciudad de Nippur, en la antigua Sumeria (en la zona que comprende la actual Iraq) nada menos que hace 3750 años antes de Cristo. La primera ciudad pionera en la captación y distribución de agua potable por sus calles se sitúa en la ciudad de Mohenjo-Daro, en el Valle del Indo, en la actual Pakistán, en 2600 a C.

Pero fue Roma la civilización que dominó el control del agua como nunca antes lo había hecho ninguna otra cultura. Como dijo el famoso arquitecto romano: “El agua es imprescindible para la vida, para satisfacer necesidades placenteras y para el uso de cada día”

Se puede decir que Roma es la civilización del agua, cuya tecnología sobre captación, distribución y consumo de agua no tiene parangón hasta nuestros días.Tal es la importancia del uso del agua en la civilización romana que buena parte de la esperanza de vida de sus habitantes se explicaba por disponer de agua fresca y limpia en la ciudad y también, y no menos importante, por un entramado de canalizaciones que vertían las aguas residuales fuera de la población.

En las ciudades romanas, una vez conducida el agua mediante acueductos y canales, era repartida mediante canalizaciones enterradas bajo sus calles. La tubería romana, en latín Fístula aquaria, era el tubo utilizado en la red de abastecimiento de agua potable. Generalmente se trataba de una tubería de plomo o terracota. Era más aconsejable la de tipo cerámico ya que las de plomo producían un compuesto blanquecino (el albayalde) poco saludable.

La importancia de las conducciones romanas lo atestigua la presencia en ellas de un sello o inscripción con un nombre o patronímico que proporcionaba información básica sobre su fabricante y propietario: a menudo el propio emperador, como autoridad suprema.

¿El agua llegaba a cada domicilio? En absoluto. Principalmente llegaba, para uso vecinal, a las fuentes repartidas por la ciudad, a las letrinas de uso público y a los cuarteles repartidos por el casco urbano. Tan sólo unos pocos privilegiados disponían de agua en sus mansiones: nobles o ricos acaudalados, además del propio emperador por supuesto.

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